26/11/09

Los Poetas y la Poesía

Tenía 14 años, más o menos, y estudiaba 2º de BUP. Me presenté a un concurso de poesía en el Instituto. Me dieron el primer premio. Nunca supe cuánta gente se presentó. Escribí un poema que encadenaba los títulos de muchas canciones de Los Beatles. Sólo recuerdo eso. El poema se ha perdido junto con los demás. Me queda su recuerdo. Cuando comencé a escribir canciones, componía todos los días, sin descanso. No queda nada de aquellos tiempos. Me pregunto, modificando un poco a Silvio: ¿A dónde van las canciones que no se quedaron? El premio del concurso consistía en diez o quince libros. Ahí estaban: Neruda, García Lorca, Alberti, Miguel Hernández, Machado, Walt Withman, Kavafis… A partir de entonces me convertí en un devorador de poesía. Lo leía todo. Cuando podía comprar un libro, me iba a la sección de poesía de las Librerías y cogía libros al azar: Maiakowski, Ángel González, César Vallejo, Blas de Otero, Nazim Hikmet…

Soy mejor lector que la media de los que se sienten atraídos por la lectura, pero leo mucho menos de lo que me gustaría leer. Siempre envidié a esos autores como Borges o Cortázar, o más recientemente Bolaño, Fresán…, que confiesan haber leído tanto y tanto. Nunca fui un lector empedernido. Reconozco que a veces la pereza me invade, a pesar del placer y la necesidad que siento cuando leo. La lectura me hace bien. Crezco y me lleno de ideas y de mundos. Por eso, no he parado de comprar libros desde entonces, desde el momento en que Kavafis y sus compinches me atraparon y me sedujeron en aquel iluminado callejón.

Cuando en el año 1993 vine a vivir a Madrid, mi biblioteca se quedó en Tenerife. Todos mis libros se quedaron en casa de mi madre. Poco a poco, y económicamente más seguro, he ido armando una biblioteca nueva. Pero hay libros que ya no se encuentran, que se dejan de editar; y la poesía, evidentemente, más que ningún otro género, es presa de esa dejadez editorial.

En el año 2005 me retiré. Fue un retiro pensado, pactado conmigo mismo. La saturación me impedía afrontar un nuevo trabajo. Duró tres años. En esos tres años ni siquiera tocaba la guitarra. La distancia que decidí tomar fue total y completa. Leía libros de cine; muchos. De pronto, quería escribir un guión. De pronto, descubrí que sabía muy poco de cine. De pronto, me encontré estudiando la obra de algunos directores o viendo películas fundamentales que yo nunca había visto. Leyendo un libro de Giovanni Grazzini que se llama Conversaciones con Fellini, y que no es otra cosa que eso: una larga conversación con Fellini, descubrí que Federico cuando hablaba contaba cuentos. Federico era un tipo singular que tenía la cabeza llena de recuerdos, de sueños y de imágenes puramente cinematográficas. Leer una entrevista con Fellini es como leer un libro de relatos. Cuenta Fellini: Europa Oriental me recuerda a Evtushenko, con quien estuve por primera vez en el Festival de Moscú cuando fue premiada Ocho y medio. Lo vi enseguida como un compañero de escuela. Nos presentaron y se instalaron todos a nuestro alrededor, periodistas, fotógrafos, todos en espera de esas cosas importantes que se suponía habríamos de decir en público. (…) Un noche, en la playa, me contó que en Groenlandia, en invierno, en una de esas noches que duran seis meses, sobre una ballenera en medio de los glaciares, había un esquimal con un equipo de proyección que pasaba Las Noches de Cabiria y todos se conmovían y divertían, hasta los osos. Evtushenko me contó también algo bellísimo que siempre recuerdo cuando pienso en él; dijo que las focas tienen la mirada húmeda, tierna, como la de su mujer. Claro está que no sé si a una mujer puede resultarle agradable oír decir que tiene ojos de foca, pero desde entonces miro a las focas con un sentimiento diferente y es cierto que tienen ojos bellísimos, de una dulzura desgarradora, que te hacen sentir culpable.

Yo había leído a Evtushenko. Ya no lo recordaba bien, pero lo leí. Fui a una Librería pero ya no pude encontrar nada. Este último fin de semana estuve en Tenerife y rebusqué entre los libros sucios de polvo y con manchas marrones y hojas amarillentas de mi antigua biblioteca y ahí estaba: Evgueni Evtuchenko. Entre la ciudad sí y la ciudad no. Su poesía es tan hermosa y tan llena de humanidad como su comentario de los ojos húmedas y tiernos que tienen su mujer y las focas.

Mi poesía,

Como la Cenicienta,

Olvidada de sí misma,

Lava cada día, desde que amanece,

Los trapos sucios de la época.

(…)

Si los suelos están sucios,

Alguien tendrá que fregarlos.

Y ella los restriega y los restriega,

Sin pereza,

Pero en algún sitio,

Como una luciérnaga,

Brilla en la escalera

Su zapatito olvidado…

De Tenerife, me traje algunos libros más: Mayakowski, Jaime Sabines, Senghor, Jaikus inmortales, Heinrich Böll, Anna Ajmátova, Poesía trunca, Roque Dalton, Poesía Beat, Robert Lowell, Leonard Cohen, Attila Jozsef, Poesía contemporánea de Centro América, Matsuo Basho, Ernesto Cardenal, Marin Sorescu, Virgilio Piñera y un libro de Nazim Hikmet, que al abrirlo y comenzar a leer me reveló este verso maravilloso:

No le tuve ninguna envidia a nadie, ni siquiera a Charlot.

19/11/09

Lebrija 14 11 09


Me lo he pasado muy bien cantando en Lebrija. Nunca había estado en Lebrija. Es el segundo concierto de la gira y me he sentido muy cómodo cantando; tanto mis canciones, como las versiones. Le he enconrado el punto al repertorio y pienso que el público ha comprendido y se ha subido al tren. Hemos cantado juntos. Buen comienzo. Lo he disfrutado mucho; y el equipo también.



13/11/09

Sevilla

Hay ciudades que en otro tiempo visitábamos con frecuencia; por lo menos una vez por disco. Sevilla era una de ellas. Tocamos unas cuantas veces en el que creo recordar se llamaba Teatro Imperial. Estaba en una zona peatonal. Alguien comentó que hoy en día es una librería. Algo es algo; peor sería que se hubiera convertido en un supermercado o en una sucursal bancaria. Lo cierto, es que de pronto dejamos de visitar ciertas ciudades. Hace años que no canto en Sevilla. Uno no canta donde quiere. Uno canta donde lo llaman o donde es viable. Así son las cosas. Mañana canto cerca de Sevilla. Mañana sábado 14 de Noviembre hacemos el segundo concierto de la Gira Versiones en Lebrija. Allí estaré. Sólo con la guitarra cantando mis canciones y las de otros. Alma Mía. Gracias Lebrija.

12/11/09

Años

No se qué edad tenía exactamente cuando empecé a escuchar a King Crimson. Se muchas cosas de King Crimson, Génesis, Yes, Pink Floyd... Son todos grupos de rock. Rock sinfónico. Sus canciones, en ocasiones, duraban toda la cara de un LP. Había partes instrumentales y sus componentes eran todos grandes músicos. Frank Zappa and the Mothers of Invention. Debía tener once o doce años. ¿Qué chico o chical de once años escucharía hoy esa música? En aquella época, los chicos y chicas de esa edad tampoco la escuchaban. Escuchaban a Los Pecos y a Tequila. Yo los detestaba, a ambos. Debí ser, pues, un extraño niño de once años. También escuché a Los Beatles y a Bob Marley hasta que saltaron los cachitos de hierro y plomo o los discos se llenaron de insoportable fritura. Debió ser a esa edad, porque lo que si sé es que a los 15 años descubrí a Silvio Rodríguez. Cuando esto sucedió, ya sólo escuché música de cantautores y el rock salió de mi vida. Pablo Milanés, Lluís Llach, Jaques Brel, Atahualpa Yupanqui, Violeta Parra... Nunca debí hacer eso. Nunca debí sustituir una música por otra. Pero fue así. He tardado muchos años en superar los prejuicios adquiridos absurdamente y comenzar a escuchar la buena música en sí misma; más allá de géneros o estilos. No me arrepiento de nada de lo que escuché; ni siquiera de Los Panchos y de Roberto Carlos. Todo fue parte de un lento aprendizaje.
Los tiempos han cambiado, y sobre la batidora musical que suena en mi cabeza, hoy puedo decir: Silvio es Dylan. Violeta Parra y Atahualpa Yupanqui son Hank Williams y Woody Guthrie; y todos juntos comparten el difícil trono de los grandes maestros.

2/11/09

5.000 años

He estado revisando archivos viejos y he encontrado la noticia que me inspiró la canción 5.000 años. Es de Febrero del 2007. El hallazgo se produjo cuando un grupo de arqueólogos supervisaban los restos de una villa romana, encontrados en las obras de urbanización de Valardo, una barriada de Mantua (Italia). Los esqueletos corresponden a un hombre y una mujer muy jóvenes, que vivieron en el periodo Neolítico.
Los huesos encontrados fueron bautizados por los arqueólogos como Los amantes de Valardo. El fallecimiento del hombre y el posterior sacrificio de la mujer para ser enterrada con él es una de las hipótesis que se barajan para explicar la postura de enterramiento: el uno frente al otro, con sus brazos y piernas superpuestos a manera de abrazo.
El titular de El País, decía: Hallados los restos de una pareja abrazada enterrada hace 5.000 años. Hace unos días, buscando en la red encontré la misma noticia en otro medio donde se decía que la antigüedad de los esqueletos podría ser de más de 6.000 años. Al margen de la fecha, lo cierto es que la importancia de la idea no se modifica y la fuerza y la ternura que desprende la foto, tampoco.