28/1/10

Cosas

En el año 2004 escribí en Desmontando el cinismo: Existe una isla en el Caribe que está partida en dos. Una raya invisible la divide. De un lado de la raya, la República Dominicana; del otro, Haití. En la República Dominicana se habla español; en Haití, francés y criollo. En la República Dominicana la población es blanca y mulata; en Haití, la inmensa mayoría de la población es negra.

Haití fue invadido por Woodrow Wilson en lo que, si estudian ustedes la teoría de las relaciones internacionales, se llamó «un ejercicio de idealismo wilsoniano». Los marines lo invadieron en1915, destruyeron el sistema parlamentario, restituyeron la esclavitud, mataron no se sabe a cuántas personas (los haitianos hablan de quince mil), convirtieron el país en una plantación de inversores estadounidenses y crearon la Guardia Nacional, una fuerza brutal y asesina que ha regido el país desde entonces, en gran parte con el respaldo de Estados Unidos. (Noam Chomnsky. Poder y terror. RBA, 2003).

Para los que llegamos de fuera, los mulatos y los negros, o las mulatas y las negras, son igualmente negros y negras (esto lo digo sin ningún tipo de consideración xenófoba: como un simple comentario); sin embargo, para los dominicanos y dominicanas, los negros y las negras están en Haití. En cuanto pueden, te aclaran que ellos y ellas son mulatos y mulatas. Parece ser que esa mitad de blanco o blanca que llevan en la sangre les otorga una posición superior en la jerarquía de las razas. Seguramente, tanto unos como otras (dominicanas y haitianas), dan forma y kilómetros a la larga fila de los miserables del mundo, de las desheredadas; eso sí, no es lo mismo un miserable blanco, que una miserable mulata o que un negro y una negra miserables. Una línea invisible separa la miseria de la mayor de las miserias. Incluso entre los desheredados y desheredadas de la tierra, una variación de cantidades en los pigmentos de la piel puede condenarte al infierno de la marginación y el desprecio.

Hoy rescato la idea de que Haití es uno de los países más pobres y marginales del planeta. Marginado por todos, incluso por sus propios vecinos. Marginado por pobre y por su condición de absoluta negritud. Hoy pregunto: ¿Hasta dónde, la organización y reparto del mundo es responsable de la pobreza y la marginación de Haití? ¿Hasta dónde son responsables otros países, con su políticas internacionales de hoy y de siempre, de la pobreza y la esclavitud de un país? ¿Por qué los países pobres sufren además de la pobreza los desaforados ataques de la naturaleza? Quizá porque la pobreza no les permite estar preparados para aguantar el golpe. Si respondemos a estas preguntas y atamos cabos llegamos a la conclusión de que la política despiadada de la desigualdad mundial se transforma, directa e indirectamente, en horror. Ahora vamos a reconstruir Haití. Si pusiéramos en tela de juicio las actitudes cotidianas de la Comunidad Internacional quizá la reconstrucción (y los muertos) sería mínima, o por lo menos menor.

Hoy, igual que todos, miro a Haití con horror y tristeza. ¿Y el ser humano? ¿Qué puedo decir de seres humanos que aprovechan el contexto del horror para traficar con niños abandonados? ¿Si existen seres humanos capaces de hacer esto, es posible que existan seres humanos capaces de generar pobreza para enriquecerse con las reconstrucciones de los países devastados por las inclemencias climáticas?

En otro desorden de las cosas: ¿en manos de quién estamos? En manos de seres humanos capaces de cualquier despropósito. La violencia también es ejercida desde las clases dominantes y desde los gobiernos y desde las instituciones. Ahora discuten sobre la gripe A, los laboratorios, la neutralidad de la OMS, las pandemias falsas o verdaderas. Los médicos a los que consulté dudaban de la peligrosidad de la gripe A. Cada año hay nuevas gripes y este año la gripe es A, nos dijeron. Recibí un mail con la teoría de la ineficacia de la vacuna y el nombre de Donald Rumsfeld asociado a los derechos del Tamiflu. Hoy discuten sobre neutralidades y presiones. Y yo digo: En otro desorden de las cosas: ¿en manos de quién estamos?

12/1/10

Año Nuevo

Hoy me siento de nuevo a trabajar. Organizo materiales, consulto papeles, busco ideas... Salgo de la Navidad trepando entre polvorones y reuniones familiares. Todas las Navidades pensamos que esta vez si que va a ser... Y nada. Todas las Navidades son iguales. Todas las frustraciones son iguales. Compras, familia y uvas. Regalos. Centros comerciales abarrotados. Cajas registradoras. Por eso no he escrito nada. Hoy me estoy centrando. Vuelvo. Esta semana hay dos conciertos: Ceutí (Murcia) y Vecindario (Gran Canaria). Días 15 y 16. Ya hablaré de alguna cosa en estos días. De momento, esta nota es sólo para decir que todavía estoy aquí.